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Archive for 16 septiembre 2009

El dilema de la integración

Unasur

Las tensiones entrecruzadas en la última cumbre de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur) han puesto de relieve las dificultades que plantean en la región las diferencias ideológicas para el proceso de integración. Unasur nació hace pocos años precisamente para darle un mayor impulso a los mecanismos que se han venido manejando durante décadas.
Las propuestas de unificación económica han corrido diversa suerte y la propia gran idea de la unidad latinoamericana, que hasta tiene un Parlamento creado hace más de cuarenta años, ha quedado en suspenso desde que México y Centroamérica se inclinaron hacia Estados Unidos de América con sus tratados de libre comercio.

Unasur se ha convertido en sus reuniones iniciales en un foro que confronta posiciones contrapuestas sobre los modelos de desarrollo, aunque esto no sea nuevo en la región. El Pacto Andino fue abandonado primero por Chile y luego por Venezuela. En un caso, no aceptaban marchar al ritmo de los más atrasados para abrirse al mundo y, en el otro, sus aspiraciones a competir por la hegemonía en la región, los llevó a vincularse más bien al Mercosur.

El debate en general no es nuevo, pues siempre ha estado sobre el tapete la realidad de una América Latina de varias velocidades. Quizás al no buscar políticas más flexibles en ese aspecto y las nuevas realidades surgidas tras el fin de la guerra fría, pueden dificultar las cosas. En el área sudamericana hay dos factores claves en este momento. Por un lado, la agresiva política del comandante Hugo Chávez para impulsar su modelo llamado “socialismo del siglo XXI” y su poderío petrolero para convertirse en una potencia subregional y, por el otro, Brasil, que avanza con paso firme a transformarse en una de las grandes potencias emergentes de este siglo.

La molestia del presidente Lula ante el protagonismo mediático de sus pares chavistas era evidente. No es que busque enfrentamientos gratuitos, sino que Itamaratí sabe que si quieren abrirse paso en el concierto mundial y ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad, deben afianzarse como un factor de orden y desarrollo democráticos en la región.

El impulso autoritario y petrolero de Caracas y sus aliados de ocasión, puede resultar molesto para proyectos de mayor envergadura. El interés de Brasil por la infraestructura regional, su aspiración por ser un país bioceánico, la expansión de los capitales brasileños y su propuesta de negociar en condiciones de igualdad con Estados Unidos sin antagonismos innecesarios, choca con el tropicalismo de los militares venezolanos.

Otra molestia permanente en el área es la carrera armamentista en la que se encuentran sobre todo Chile y Venezuela. Como denunció el presidente Alan García Pérez, se han gastado 38 mil millones de dólares que muy bien podrían haberse dedicado al combate a la pobreza. Así puso una pica en Flandes y le colocó la agenda al Consejo de Defensa Sudamericano. Los gobiernos tendrán que responder a este tema de fondo sin soslayar la propuesta colombiana de instalar tropas estadounidenses en su país.

Es difícil que la integración marche tras el militarismo petrolero y que nuestras sociedades en proceso de democratización y modernización cambien esa perspectiva por las reelecciones indefinidas del modelo chavista. Si es así, la integración dependerá de la construcción de la infraestructura regional y de los corredores económicos bioceánicos que generarán un nuevo reordenamiento territorial que incorporará a millones de personas al mercado.

Oponer un anillo energético de hidrocarburos ante la integración física y la enorme potencialidad de la construcción de hidroeléctricas no tiene mucho sentido. Una propuesta que sume, que invierta en obras y no en armas, superaría los dilemas actuales de la integración.

Agustín Haya de la Torre

Sociólogo.

Presidente del Centro de Planeamiento Estratégico (Ceplan).

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Metas al 2021

yaha

Dr. Agustín

En los Lineamientos estratégicos de desarrollo nacional 2010-2021, preparado por el equipo técnico del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan), se propone para el bicentenario de la República un ingreso per cápita de 7,900 dólares.

Para arribar a esta meta hay que duplicar el producto bruto interno actual y triplicar nuestras exportaciones. Ello supone que recuperamos un crecimiento promedio del 6% anual.
Como toda visión prospectiva, esta es una probabilidad que maneja varios supuestos, que hay que saber evaluar desde nuestra realidad actual. No se trata ni de adivinar ni de proponer fantasías, sino de trabajar los factores existentes para ver cómo podemos incidir en la marcha de las cosas, creando consensos políticos y sociales que generen las situaciones previstas.

El año 2008 cerramos con un per cápita de 4,417 dólares de acuerdo con las cifras registradas por el Banco Central de Reserva (el FMI dice 4,453 dólares). Estamos a unos 500 dólares por debajo de Colombia y otros tantos por encima de Ecuador, muy distantes del grupo de países que superan los 10,000 dólares per cápita, en el que se encuentran Chile, Uruguay, México y Venezuela. Este grupo privilegiado en la región es muy posible que en una década duplique sus ingresos, lo que nos alerta sobre la magnitud del esfuerzo que tenemos que hacer para no perder el ritmo del desarrollo.

Si conjugamos todos estos factores, la pobreza descenderá al 13% y así nos consolidaremos en el rango de los países de renta media alta. Con esas cifras, habremos salido definitivamente de entre los más desiguales en el mundo. Ya en 2008 hemos conseguido un Gini de 0.479 que, por primera vez, nos saca de ese bolsón. No es todavía para cantar victoria en la lucha por la cohesión social, pero sí es un indicador de lo que podemos hacer con decisión y disciplina.

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Afrontar el desafío

Afrontar el desafíoLa pobreza en el Perú ha disminuido casi en 20 puntos desde la recuperación de la democracia el 2001, pasando del 55% al 36% de la población. En comparación, en 1990 la pobreza alcanzaba al 57% y el año 2000 se redujo apenas al 54.8%.

Hacia 1997 había disminuido pero la recesión que se inició ese año barrió con lo avanzado. Esto sucedió porque la política económica imperante consideraba que las fuerzas del mercado resolvían el problema. Los resultados fueron contraproducentes porque no se permitía la ejecución de políticas anti cíclicas desde el Estado. La década de Fujimori sólo redujo la pobreza en 2 puntos.

Lo obtenido hasta ahora es un logro extraordinario de la democracia peruana que debemos hacer duradero en el tiempo. Ciertos intereses se han encargado siempre de atribuir eficacia económica sólo a las dictaduras. Es el momento de desmentirlos con hechos y cifras en la mano que prueban que la democracia es progreso y mejora sustancial de la calidad de vida de las personas.

El momento, sin embargo, no es fácil por la crisis económica mundial que empezó con el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos de América. Pronto llegó al sector real y alcanzó dimensiones planetarias. El mundo supo que la especulación con la deuda empaquetada de las hipotecas insolventes equivalía a todo el producto bruto de ese país y que el mercado de derivados de las materias primas multiplicaba por diez la producción del planeta.

¿Cómo hacer para que lo avanzado se consolide? Aquí es donde la planificación juega un rol clave. Formular ejes estratégicos y objetivos del desarrollo nacional es crucial. La propuesta del CEPLAN de adoptar un plan hacia el 2021 resulta fundamental. Reducir la pobreza a los niveles en que ahora la tiene Chile, requerirá un producto bruto de 230 mil millones de dólares, es decir, un ritmo de crecimiento anual entre el 5% y el 6%. Para alcanzar ese propósito, la concertación es decisiva.

Agustín Haya de la Torre

Presidente del Centro de Planeamiento Estratégico, CEPLAN

http://www.elperuano.com.pe/edc/2009/06/16/opi2.asp

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